Vardaro, Elvino

Violinista
Nació el 18 de Junio de 1905.
Estudió violín con Fioravanti Brugni y se perfecionó con George Baré.
Se inició en su carrera con Paquita Bernardo, en 1920. Más tarde trabajaría con Juan Maglio, Roberto Firpo, la Orquesta Típica Victor, Vardaro-Pugliese (luego Vardaro-Demare), Rafael Rossi, Osvaldo Fresedo, Carlos Di Sarli y otras orquestas.
Sis obras son:
"Dominio", "Tinieblas", " Miedo", "Mía", "Y a mi que me importa", "Fray milonga", "Te llama violín", "Imaginación", "El repique", etc.
Murió el 5 de Agosto de 1971.


Vázquez, Nelly

Cantante
Nació en el año 1940.
Sus inicios fue con la música lírica.
En el año 1959 desvió su destino hacia el tango.
Trabajó junto a Eduardo Rovira, Astor Piazzolla y Anibal Troilo; hasta que en 1968 se indepenndizó.
A partir de la década del setenta hizo permanentes giras por América.
Grabó en Microfón y Embassy.
 

Villoldo, Angel

    Si la de Greco es la figura más representativa del tango en la segunda década del siglo, la más popular ha de haber sido, sin embargo, la de Angel Gregorio Villoldo. Por lo menos, es la que mayores honores póstumos ha acumulado. Es claro que Villoldo fue mucho más que un tanguista. Hizo muchas cosas para vivir. Fue ejecutante de guitarra y armónica, cantor, letrista, periodista, poeta. Y eso, según se dice, después de haber sido cuarteador y tipógrafo. Hoy sería, a la vez, un cantautor y un showman.

    La obra poética y la obra musical de Villoldo es ecléctica; es decir, se nutre por igual en la poesía rufianesca y en el cuplé. Es difícil encontrar en esa obra vestigios de la payada, como es muy difícil hallarlos en la obra de Contursi. La payada urbana -y quizá también la payada gaucha, si nos atenemos al modelo que José Hernández registró en la segunda parte del Martín Fierro- se proponía asuntos presuntuosos y los trataba en un lenguaje que no lo era menos que los asuntos. No es aquí del caso establecer si los payadores gauchescos cantaban por cifra y fueron los urbanos los que comenzaron a hacerlo por milonga. Pero de que estos lo hacían por milonga, no cabe duda alguna. Importa más, ciertamente, recordar el estilo de aquellos vates para que se advierta que poco o nada tiene que ver con el de los letristas del tango. Villoldo se parece a los payadores urbanos -principalmente, a los más famosos, Gabino Ezeiza y José Luis Bettinotti- en que cultivo, a la vez, la literatura y el canto. Olvidemos, sin embargo, la poesía no cantable compuesta por unos y otros, que solía ser siempre romántica por los sentimientos y clásica por la forma. Vayamos, mejor, a la poesía cantable. En la famosa payada de tres noches que libraron Gabino Ezeiza y Pablo Vázquez, en el Florida, de Pergamino, en 1894, Vázquez canto así:


Inundada el alma mía
Del más hondo sentimiento
En este grato momento
De bondad en demasía
Y la entusiasta alegría
Con que esperan mis acentos
Que más de una vez los vientos
Han poblado en mis congojas
Como el árbol las hojas
En tristísimos lamentos.
Y el negro Ezeiza dijo cosas como estas:

Si ese mundo nada vale
Siga lo que resulto.En un tiempo algo remoto
Nos ha dejado la esencia;
Si Colon ha sido un hombre
Que por su rara emergencia
Como la idea cuantiosa
Del inmortal Gutemberg
De ese gran descubrimiento


    Pero mientras los payadores se consagraban a esos engolados galimatías, la muchachada juerguista improvisaba en los prostíbulos coplas de intención rufianesca, que los poetas a destajo, contratados por Andrés Pérez y otros editores de los que hacían el negocio del folleto, recreaban literariamente del modo que muestran estos versos:


Soy canfinflero afamao
pal tango y la chifladura
cuando meto quiebradura
digo: -ya me quedo parao;
y para hacer un boliao
lo hago con repiqueteo
de taco delgao y feo,
que usamos los cafizeros
como dicen los puebleros
cuando nos ven de paseo.


    Tema aparte, este tono jacarandoso, que se repite en toda la poesía rufianesca -y que, bien miradas las cosas, es el tono de los Romances de Perotudo, expresados en una deliciosa germania, que quien se firmó Juan Hidalgo recopiló, si es que no los compuso, en 1609- procede, sin duda, de la tonadilla y el cuplé. "Soy un rayo de mi tierra / y mi canto es luz de España,..." , cantaba La Goya; y también "Yo, señores, soy un buen soldadito." Lo que estoy tratando de decir es que los temas de las letras tanguísticas de Villoldo proceden de la rufianesca y la forma del cuplé. En cuanto a las letras picarescas, que Villoldo escribió, cantó y dejó grabadas en discos, proceden -asunto y forma- de las letrillas frívolas con que las tonadilleras halagaban a sus públicos masculinos: "Una beata y un fraile / se cayeron en un pozo / y la beata decía: / ¡Ay, que fresco más hermoso!" Pero, ¿es que acaso la letrilla de La Morocha no es, mutatis mutandis, una letrilla de cuplé?

    Las letrillas de Villoldo son muchas y de diverso linaje. Me refiero aquí, sin embargo, a las de sus tangos cantables. Estos suelen estar escritos en primera persona, como muchas letrillas de cuplé: "Aquí tienen al criollo más criollo, / el que hasta aura ha encontrado rival,..." ; "Soy el criollo apasionado / en este suelo nacido,... " ; " Aquí tienen a Calandria / que es un mozo de renombre,... " ; "Soy el rubio más compadre, / más tremendo y calavera,..."," Aquí tienen al Torito, / el criollo más compadrito... " ; Yo soy el negro que alegre, / cantando la vida, / se suele pasar,... ". Todo esto recuerda al tanguito de Enrique de María y Eduardo García Lalanne: "Soy el rubio Pichinango. / Yo el pardito Zipitria... / Yo nunca niego la cría, / Soy el negro Pantaleón" y al tanguito de Carlos Mauricio Pacheco y Antonio Reynoso: "Soy el mulato Papilla, / bailarín de bute y soda. Soy el taquero más pierna / para un tango quebrador" . Y esto recuerda -como ya ha sido señalado-, al tercero de las ratas, y también al vals del Caballero de Gracia, de la revista madrileña La gran vía.

    El mundo de los canfinfleros, del que Robert Lehmann Nitsche dejo tanto testimonios es el que reflejan, en términos generales, la mayoría de las letras de los tangos de Villoldo. Por supuesto, ese fue el tema que nutrió los primeros tangos de Contursi; pero los sentimientos expresados por Contursi -la saudade, la nostalgia, el amor perdido- podían darse también fuera de ese mundo. Los que cantó Villoldo, no. Allí estriba la diferencia. Por eso los tangos de Contursi se cantarán siempre y siempre despertarán algún eco, alguna resonancia en las almas sensibles, en tanto que las letras de los tangos de Villoldo murieron con el compadrito.

    Algún mérito tendrán, sin embargo, aquellas letrillas. Y bien, ese mérito consiste en que, además de ser muy graciosas, describen estupendamente el tango de fines de la década de 1890 y de comienzos de la de 1900; en que constituyen un inexcusable testimonio de la alegría de tanguear; del espíritu deportivo con que el compadrito encaraba el tango: "Así podremos ver cual es más taura / a la voz de aura / para bailar. / Moviendo nuestros cuerpos cual resortes / dos o tres cortes / vamos a dar". Y describen también el papel que correspondía a la mujer en aquel tango inicial: "Es mi china la más pierna / p' al tango criollo con corte. / Su cadera es un resorte / y cuando baila un motor. / Hay que verla cuando marca / el cuatro y la media luna. / con que lujo lo hace, ahijuna... / Es una hembra de mi flor." 

    Hasta aquí he hablado de Villoldo letrista. No digo poeta. La poesía supone creación pura, desinteresada. La letra puede participar de la poesía, puede acercarse a ella, como ocurre con Manzi o con Discépolo, con Flores o con Expósito, pero su objetivo no es solamente la belleza: sus objetivos son el éxito y el derecho de autor. Villoldo, más que un letrista, fue un artista, en el sentido que esta palabra tiene en el mundo de la escena. Me he extendido sobre el letrista porque, quiera que no, fue el primer letrista del tango. Pero también fue compositor; compositor nada menos que de El choclo.

    En el tomito Diálogos de Villoldo, donde se recogen algunas sabrosas páginas periodísticas del autor de El esquinazo, se mencionan los títulos de cuarenta y tantos tangos y milongas debidos a este autor; entre ellos, uno muy poco conocido, Elegancias, nombre que fue de una revista que Rubén Darío comenzó a dirigir en París en 1911. La lista es incompleta, pese a que solo se trata de tangos y milongas, porque Villoldo compuso -sobre todo, a partir de 1914- cantables de diverso genero -habaneras, marchas, mazurcas, tonadillas, shotis, estilos, valses, cuplés-, que las tonadilleras criollas de la época -Linda Thelma, Inés Berutti, Teresa Zazá, Dora Miramar, Pepita Avellaneda, y particularmente Lola Membrives- incluían en sus repertorios.

    Interesa aquí, de todos modos, el Villoldo tanguista. Y el Villoldo tanguista se desdobla en dos: el autor de tangos al modo andaluz y el autor de milongas y tangos amilongados. Por lo que se sabe, Villoldo no actúa en los clandestinos, como Mendizábal, Campoamor o Ponzio, e inclusive Bevilacqua. Canta por almacenes y teatros de varieté y en las famosas Carpas de la Recoleta. Al parecer, no comienza a componer tangos y milongas sino en la primera década de este siglo. Sus amigos son los músicos que por entonces tocan en los salones donde se baila y en los restaurantes con orquesta. Y si sus valses están compuestos pensando en esas orquestas de repertorio ecléctico que animan las tenidas gastronómicas, sus tangos y milongas serán escritos con el pensamiento puesto en los compadritos que bailan en L'Operai -es decir, la Societá L'Operario Italiano, de la calle Sarmiento 1374-, en la Fratellanza, en Unione e Benevolenza y en los bailes carnavaleros que se dan en los teatros. Según los hermanos Bates, quienes toman los datos de un reportaje que el vespertino La Razón hizo a Villoldo el 12 de julio de 1917, " El choclo es el primero que edita, pero no es el primero que compone. El choclo es de 1905, y en cambio El porteñito, que lleva letra de Alfredo Gobbi, corresponde a 1903 /... / En 1904 compone La caprichosa, y el año siguiente recién aparece su composición más famosa El choclo... ". Cuando Villoldo comienza a escribir tangos -año 1903-, Campoamor -por hacer un nombre- ya ha compuesto Sargento Cabral (1899), En el séptimo cielo (1900), La cara de la luna (1902).

    El Villoldo tanguista de la década de 1900 a 1910 enraíza en el primitivo tango, anterior al afrancesamiento. Por la misma época, compuso, es cierto, otros a la andaluza, como Cuidao con los cincuenta, que ha de ser de 1907; pero son los menos. Luego debió de abandonar el tango para dedicarse a la tonadilla criolla, de la que fue uno de los creadores.

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