D'Agostino, Angel

Nace el 25 de mayo de 1900. En un ambiente de música, como lo era el de su familia, comenzó tocando el piano. En 1918 integró un dúo de piano y violoncelo con Ennio Bolognini, presentándose en un recital en el teatro "Apolo". Como intérprete de música internacional, D'Agostino compartió cartelera artística con Roberto Casaux, Libertad Lamarque, y el bailarín Casimiro Ain. También intervino en la compañía de María Guerrero, en la única presentación de su vida como actor. Luego volvió al piano y tocó con Gloria Guzmán, Lola Membrives y la gran soprano María Barrientos, cuando ésta se presentó en el teatro "Coliseo". Recién se incorpora al tango en el año veinte y en la orquesta de Juan Maglio. Realiza una gira con Azucena Maizani y al regresar a Buenos Aires ingresó a la orquesta del teatro "Esmeralda" . Es en 1920 donde forma su primera orquesta típica. Este conjunto debuta en el Teatro Nacional, y luego se presenta en el Palais de Glace. La orquesta seguía manteniendo su repertorio de tangos. Luego se presentaron en el "Royal Pigalle" y en el teatro "Opera", con excelente crítica. Siguió trabajando en varios teatros y luego tuvo su espacio radial en radio Prieto. Después, le llegaría el debut en LR1 y de ahí fueron llamados a grabar por la RCA Víctor. Era 1943. Con Angel Vargas formó uno de los binomios más respetados y queridos del tango.


D'Arienzo, Juan

Nació el 14 de diciembre de 1900, en Buenos Aires. La música entró en su alma favorecida por el entorno de su barrio natal, en Balvanera. A los ocho años de edad comenzó sus estudios de piano, por los que concurría al Conservatorio Mascagni. Conoce al compositor Carlos Posadas quien lo conecta con el mundo del tango y ve, en el jovencito de 18 años que tocaba el violín, un futuro más que promisorio. Primero dedicado al jazz, luego D'Arienzo integraría, con su amigo D'Agostino, la orquesta Paramount. Con algunos cambios, sobre todo por la incorporación del gran bandoneonista Anselmo Aieta, la orquesta pasó a llamarse "Los ases del tango". Corría el año 1927. Cuando forma su propia orquesta, el éxito le llega muy rápidamente. En 1935, D'Arienzo decide dar un vuelco que sería fundamental en su carrera: guardar el violín para tomar la batuta. De ahí en más, Juan D'Arienzo será reconocido, justamente, como el Rey del Compás.

De Caro, Julio

    Cuando, después del desenlace de su aprendizaje con la Boulanger - del que más adelante se hallará alguna referencia - , se entregó decididamente al tango experimental, Piazzolla dedicó una composición a Julio De Caro: Decarísimo. De Caro, cuya revalorización habían iniciado los estudiosos, tuvo, así, su gran epígono en el sumo sacerdote de la vanguardia. Luego, la vanguardia -fiel a su cometido de estar siempre adelante de los otros - siguió avanzando y dejó al decarismo bastante atrás; pero, hacia fines de la década de 1950 y durante algún tiempo todavía, pudo creerse que la historia del tango estaba dividida en dos grandes hemisferios: uno, el predecarismo, envuelto en sombras, y el otro, resplandeciente, alumbrado por el sexteto del autor de Mala junta. Y no sólo han podido establecerse y definirse, de ese modo, una escuela decareana y una época predecareana; además Julio De Caro se convirtió en paradigma, en ejemplar, en algo así como la idea platónica del tango, "porque cuando el tango instrumental de evolucionada orientación renovadora se aparta de los más puros planteos conceptuales decareanos, caemos inevitablemente en el engorroso terreno polémico de la debatida cuestión acerca de su autenticidad o su desnaturalización."

    Artistas tan finos e inspirados como José Pascual, Joaquín Mauricio Mora, Lucio Demare y Horacio Salgán resultan válidos, por eso, en tanto "siguieron en su cometido de creación una clara y definida orientación decareana, que no puede dejar de reconocerse." Julio De Caro, más precisamente, el sexteto de Julio De Caro, porque sus experimentos posteriores, el sinfónico y el internacional, no cuentan -, se convierte, así, en la barrita de prueba del tango".

    ¿En qué consiste la orientación decareana? Narra De Caro que, cuando tocaba con Cobian en el Abdulla Club (subsuelo de la galería Güemes ), en 1923 ( Cobián, Maffia, Petrucelli, Ferrazzano, De Caro, Constanzo) debió intervenir en una grabación para la Víctor ( con la orquesta reforzada por Remo y Astor Bolognini). Y memora: "La víspera de la grabación, al leer las páginas encontré demasiado pobre la segunda parte de uno de los tangos, y como prácticamente no quedaba tiempo para arreglos, en casa le añadí un contracanto, tratando de embellecer la melodía. Al día siguiente, en plena faena, cuando debía ejecutar dicha armonía, lo hice pegado a una bocinita, al igual que el resto de mis compañeros (único procedimiento en ese ayer). / Pasados diez días, escuchada la prueba, mi agregado, al parecer, tuvo amplia aceptación; Cobián, contentísimo, pidió al técnico repitiese la parte; luego volviéndose a Ferrazzano lo felicitó, no siendo aceptada ésta por el nombrado, aclarándole no ser su creador; la misma negativa de los Bolognini... y al interrogarme, ante mi afirmativa, recibí sus plácemes, pero añadiendo: No olvide, De Caro, que toda modificación debe llevar mi visto bueno; hoy salió espléndidamente; mañana... podría ser todo lo contrario." A raíz de esa reprimenda, De Caro resolvió abandonar a Cobián. Se llevó a Maffia y a Petrucelli, puso al piano a su hermano Francisco; al bajo, al negro Thompson, y en el otro violín, a su hermano Emilio. Cobián tenía entonces 27 años; De Caro, 24.

    Aquel incidente reveló la "orientación decareana" que consistió siempre, en suma, en "embellecer la melodía" del tango, por medio de recursos simples y eficaces. Sierra, que no rehusa la hipérbole cuando se refiere a De Caro, plantea las cosas con claridad: "El acompañamiento armonizado del piano, los fraseos y las variaciones de los bandoneones, los contracantos del violín tejiendo melodías de agradable contraste con el tema central, y los solos de piano y bandoneones, expresados con una riqueza armónica y sonora hasta entonces desconocida, significan algunos de los aportes más valiosos que aquellos verdaderos innovadores introdujeron en la ejecución del tango. Y agregando a ello un juego rítmico en el que se percibían las marcaciones dispares a cargo de cada uno de los sectores instrumentales, como atrayente fondo, en tanto cantaban en primer plano los violines o los bandoneones."

    Todo se refiere, como se ve, a la ejecución del tango; no a la composición. Aquel arreglo urgentemente resuelto por De Caro cuando tañía para Cobián señala, quizás, el comienzo de una tendencia que tendría un altísimo exponente en Galván, y que se prolonga ahora en las compartidas instrumentaciones del Sexteto Tango - para hacer un nombre - . Allí comenzó la corriente "evolucionista" - así la llama Sierra - , opuesta a la corriente "tradicional", "aferrada en sus lineamientos generales a las viejas fórmulas de ejecución." ¡Viejas fórmulas! La fórmula de Julio De Caro tiene ahora cincuenta años. ¿A qué edad comienzan a envejecer las fórmulas musicales?

    Tal vez lo más señalable del sexteto de De Caro - del que pronto emigraron Petrucelli (reemplazado por Pedro B. Laurenz) y Maffia (reemplazado por Armando Blasco) sea su intento de sintetizar la compadrada y el romanticismo, la rusticidad arrabalera y el refinamiento de los conservatorios. Sus versiones de Mala junta y El moito, por ejemplo, tienen un definido encanto malevo. Luego, De Caro trató de refinarse cada vez más. Escribió Copacabana (1927) y Cote d'Azur (1931), como grandes tangos romanza, y tocando en Milán intercaló en su interpretación de Esta noche me ernborracho algún compás de la serenata de Enrique Toselli, que a los italianos les sonó como una blasfemia.

    ¿Qué de Julio y qué de Francisco De Caro había en aquel sexteto? Si es cierto - como todo parece demostrarlo - que Francisco aportó el aura romántica y Julio el esguince compadre, es indudable que terminó por prevalecer Francisco, porque éste no escribió nunca nada parecido a Mala junta y Julio intentó muchas veces acercarse a Flores negras. La orquesta de Cobián tenía seis músicos estables y Julio De Caro la partió por la mitad. Ella gravitaba, empero, sobre el piano, como una fábrica sobre sus cimientos. Para fortuna del nuevo sexteto el piano de Francisco De Caro sonaba tan romántico como el de Juan Carlos Cobián.

    Estas puntualizaciones no deberían llevar a creer que la fama de Julio De Caro es injusta. No se engañó Lucio Demare cuando dijo: "El gran valor de ese tiempo era Julio De Caro." De Caro fue de los primeros en comprender que el destino del tango era la música - no el baile, no la canción - y el que avanzó hacia la música, hasta donde le dio el aliento.

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Delfino, Enrique

    Nace en Buenos Aires el 15 de noviembre de 1895, en una casa de calle Tucumán y Paraná. Músico culto, autor de innumerables éxitos, incluyendo la música de varias películas, nació a la popularidad en la famosa época de oro del tango. Músico señero, ya en 1920, con Osvaldo Fresedo, bandoneonista, Tito Rocatagliatta, violín, formó un extraordinario trío (la Orquesta Típica Select), que llevó el tango a Nueva York, donde registraron varios discos.

    "Re Fa Si", "Milonguita", "Griseta", "Aquel tapado de armiño", "Haragán", "Recuerdos de Bohemia", para no citar sino algunas de sus grandes creaciones, lo ubican entre los máximos creadores del cancionero rioplatense. Gardel, Corsini, María Esther Podestá, Azucena Maizani, y todos los grandes intérpretes de nuestra música cantaron o ejecutaron sus obras, que ya pertenecen al acervo musical de la ciudad que lo vio nacer... y partir.

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Demare, Lucio

    Lucio Demare, protagonista indiscutible de la década del 40, puso música inolvidable, atrayente e inmortal, a los versos que Manzi pensó en San Pablo, Brasil, y escribió en Buenos Aires: Malena. Demare tuvo su orquesta y conquistó la fama, pero sin duda él como pianista era muy superior a su formación, a su propia orquesta. Formó parte del renacimiento tanguero de los 40, cuando la gente volvió en masa a los salones de baile, cuando los discos y las partituras batían récords de venta. Demare, como las orquestas de Gobbi, Maderna, Tanturi y otros, fueron los responsables de ese renacimiento.

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Díaz, Enrique ¨Kicho¨

Enrique Díaz, apodado el “Kicho”, nació en el año 1918 y ejerció como contrabajista. Estudió también bandoneón y así fue como llegó a participar en la orquesta de Juan de Dios Filiberto.
Como contrabajista trabajó en el conjunto de Anselmo Aieta y en 1940 en la orquesta de Aníbal Troilo hasta 1959. Tres años después integró el Quinteto Nuevo Tango, el Quinteto Real y el Sexteto Mayor en 1976 hasta su muerte en el año 1992. Algunas interpretaciones más recordadas son “Buenos Aires Hora Cero” y “Contrabajeando”.

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Discépolo, Enrique Santos

    El primer tango de Discépolo - cuya letra firmó José Antonio Saldías, para facilitarle el éxito - es de 1924 y se titula Bizcochito. Pero si la carrera de Discépolo comienza en 1928 con Esta noche me emborracho, su estilo comienza en 1926 con Que va cha che.
La característica más notoria de las letras de Discépolo es el pesimismo; es decir, la propensión a juzgar las cosas por sus aspectos más desfavorables. 
Discépolo está convencido de que "el mundo fue y será una porquería", de que "la vida es un infierno", de que "el honrao vive entre lágrimas", y de que lo mismo vale "un burro que un gran profesor", pero no se queda con esa convicción para rumiarla en la soledad. Se la grita a la cara a la gente; y cosa curiosa, a la gente le gusta que se la grite. Por ahí dice un tango de Discépolo que "luchar contra la gente es infernal... ". Para él no lo fue. A él, la lucha contra la gente, la denuncia del trastrueque de valores, le dio popularidad, dentro, fama póstuma y un número imprevisible de exégetas.

    Discépolo un modo de ser, de ver la vida; tenía una ética que no era la de su medio. Borges ha resumido, en una frase cruel, todas las denuncias formuladas por la tanguística discepoleana: el argentino admira la venalidad. Ya no se trata de ser venal, sino de imponer la venalidad como norma de conducta. Contra la venalidad como norma reaccionó Discépolo; no contra la venalidad como claudicación inevitable, porque de carne somos. La tanguística de Discépolo, en la que algunos han querido ver cierto contenido social, tiene un hondo contenido ético.

    Lo que distingue los primeros tangos de Discépolo es el histrionismo. El histrionismo es lo que hace el histrión y el histrión es el que se disfraza y representa personajes de comedia y de tragedia, y también es el volatinero y el prestidigitador. Discépolo - me refiero al poeta Discépolo - es un histrión en el doble sentido de la palabra. En Cambalache, en Qué sapa señor, en Que va cha che representaba el papel de crítico social. en Yira... Yira... , en Secreto, un poco también en Tres esperanzas, hace prestidigitación con las metáforas, con las imágenes. Nunca se sabía qué cosa deslumbrante iba a salir de la galera de ese mago. Cuando Discépolo se pasaba días y semanas buscando una palabra, o una metáfora, lo hacía, sin ninguna duda, para expresarse en la forma más justa y más bella posible, pero también para impresionar a la gente, para provocarle un shock emotivo.

    Pero paulatinamente las letras de Discépolo parecen dejar de preocuparse por provocar ese shock; se hacen menos deslumbrantes pero, en cambio, más hondas. Parecen surgir más del fondo del alma del poeta, más de los entresijos de su angustia. Releyendo Que va cha che, Que sapa, señor, Cambalache e inclusive Yira... Yira... , uno tiene la impresión de que Discépolo escribe con lo ojos puestos no en su alma, sino en su contexto, en el mundo que lo rodea. Y volviendo a las letras posteriores se adquiere la impresión de que el contexto le va interesando menos y, en cambio, le va importando más su propia angustia personal.

    A través de los tangos de Discépolo el concepto del amor se va afinando, se va haciendo más espiritual. El amor, la pasión que aparece en Secreto - "es pan de mis dos hijos todo el lujo que te he dao"- no es el amor de Uno - "Pura como sos, habrías salvado mi esperanza con tu amor"-. Ya no es el amor pasión sino el amor compañía, el amor coparticipación. La posibilidad de ese amor se da por cerrada en Sin palabras: "justo al asombro de perderte y no morir". Después de Sin palabras sólo publica su letra comercial para El choclo y Cafetín de Buenos Aires, esa trémula elegía que es un testamento tanguístico. La vida de Discépolo se agotó poco después de que se agotara la década de 1940.

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