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Cadícamo,
Enrique
¿Qué
moviliza al autor? Cadícamo cuenta el rol que juega el amor en la
creación de sus obras.
Nació el 15 de julio 1900, en la Villa de Luján.
Sus primeros acercamientos al tango fueron en la esquina de Catamarca
y México, en Buenos Aires, donde existía un Conservatorio de música,
para estudiar solfeo. Ese conservatorio estaba dirigido por el maestro
De Caro. Siempre prefirió arreglárselas de oído, según su propia
confesión, la lectura de los signos musicales lo abrumaba. Cadícamo
comienza a escuchar tangos desde muy niño, y sus tangos preferidos
eran Mi Refugio, El motivo, El gaucho, La catanga, Salomé, más tarde
descubriría que todos esos tangos pertenecían a un mismo autor:
Juan Carlos Cobián. Los comienzos de escritor, de poeta, le surgen
a Enrique Cadícamo en el momento en que se hallaba empleado como
escribiente en el archivo del Consejo Nacional de Educación, donde
tuvo como colega a Pablo Suero, un tipo singular y gran poeta. En
esa epoca, Suero terminaba de publicar su libro "Los cilicios" ,
y era además periodista del periódico "Crítica". Le mostró un día
unos versos y Suero lo felicitó, después de eso, Cadícamo comenzó
a leer a los poetas griegos, épicos y geórgicos. Conoció a Gardel,
quien le grabaría más de veinte tangos, por medio de José Razzano.
También conoció, y fue muy buen amigo, de Cobián, Matos Rodríguez,
Julio de Caro, étc.
La vida de Cadícamo es muy particular y rica
en hechos: filmó en las primeras épocas del cine, cuando era una
aventura. Se fue a Europa y recorrió todo el mundo con la plata
ganada con sus obras.Cadícamo sin duda es uno los más grandes poetas
del tango, sobreviviente de una época dorada, brillante, que hoy
se resiste a morir.
Caló,
Miguel
Miguel
Caló nació el 28 de octubre de 1907 en la Capital Federal, en
el barrio de Balvanera. Miguel, que con sus primeros ahorros se
compró un violín usado, vio rápidamente cercenadas sus inquietudes
artísticas: el padre no lo dejaba. Igualmente, el joven Caló se
las ingenió para seguir estudiando y aprender por lo menos veinte
piezas de oído. Debutaría, algunos meses más tarde, en un cine.
Así, con el primer sueldo asegurado, decidió completar sus estudios
y fue a perfeccionarse con el maestro Julián Divasto. Alguien
que lo había escuchado en el cine lo contactó con Osvaldo Fresedo
y obtuvo un contrato substancioso para realizar la temporada de
inauguración del Teatro Astral, acompañando a Azucena Maizani.
En 1929 se fue a España, por una invitación de Cátulo Castillo,
para integrar una gira que recorría la Madre Patria. La orquesta
de Miguel Caló alcanza la fama justo cuando Argentino Galván se
hace cargo de los arreglos instrumentales de la misma. Las giras
se sucedieron, entonces, por toda América, además de las presentaciones
sin cortes en cines, teatros, radios, etc. El 24 de mayo de 1972
lo alcanzaría la muerte en la calle Montevideo, a pasitos de Corrientes.
Canaro,
Francisco
Nace
en San José de Mayo, un pueblo muy chico del Uruguay, el 26 de
noviembre de 1888. Siendo Francisco un niño, la familia Canaro
se instala en Buenos Aires. Son épocas de crisis y la familia
sufre la miseria, lo que sin duda forja el carácter de Francisco.
Tomó, en la adolescencia, clases de música, especialmente de violín,
y se largó a "changuear", tocando en bailes, con cuyo producto
se compraría el primer violín en serio. En el año 1906 conoce
a un prócer del tango: Augusto P. Berto. Forma un trío con Samuel
Castriota y Vicente Loduca y tocaban en el café "Royal". Ahí sería
el encuentro con el gran compositor Eduardo Arolas y comenzaba
la amistad con Roberto Firpo. Canaro disuelve su trío y se une
al grupo de los Greco, hasta el año 1915 donde se independiza
y forma otro trío. Es acompañado por Pedro Polito y José Martínez.
Luego, con Roberto Firpo, formaría una orquesta realmente espectacular:
pianos, Roberto Firpo y José Martínez; bandoneones, Eduardo Arolas,
Osvaldo Fresedo, Minotto Di Cicco, Pedro Polito y Bachicha D'Ambroggio;
violines, Francisco Canaro, Agesilao Ferrazzano, Tito Roccatagliata,
Julio Doutry y A. Scotti; flauta, Alejandro Micheti; clarinete,
Juan Carlos Bazán; contrabajo, Leopoldo Thompson.
Muertos sus dos mejores amigos, Eduardo Arolas
y Vicente Greco, Francisco Canaro decide hacer un cambio de aire
y se propone como meta Europa. Conquista París tocando en uno
de los cabarets más renombrados de la ciudad luz en la época:
el "Florida". Rodolfo Valentino, quien lo escucha precisamente
ahí, lo induce a viajar a Estados Unidos y Canaro, tras algunos
largos cabildeos, acepta posteriormente la oferta de un empresario
estadounidense: debuta en un local de la séptima avenida, en 1926.
De los Estados Unidos de vuelta a París, y de allí, a recorrer
Europa: Londres, Bruselas, Berlín, Copenhague, etc. También fueron
innumerables las giras por Brasil y el Uruguay.
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Cobián,
Juan Carlos
En 1913 la empresa del Armenonville - que era la misma del Royal
y del Pigall - decidió contratar el quinteto del bandoneonista
Genaro Espósito - el tano Genaro - , que tocaba en el bar Iglesias,
de la calle Corrientes, frente al que es ahora el Teatro Municipal
General San Martín; pero finalmente no contrató al quinteto, sino
a su pianista, Roberto Firpo. Reemplazó entonces en el quinteto
al conocido bandoneonista un chico: Juan Carlos Cobián. Firpo
tenía entonces 29 años y Cobián sólo 17. Había hecho su conservatorio,
el Williams, en Bahía Blanca, donde tuvo por maestro a un chiquilín
casi genial, Numa Rossotti. Este chico había estudiado con el
maestro Williams. Apenas cumplidos sus 18 años, el maestro lo
envió a dirigir el conservatorio que había abierto en Bahía Blanca.
Esto ocurrió en 1907. Y fue por entonces -tal vez en 1909 o 1910
cuando tuvo por alumno a Cobián, quien aprendió teoría, solfeo,
composición, armonía, quizá contrapunto y, desde luego, piano.
En 1911 Rossotti viajó a París, donde fue alumno de Vincent D'Indy,
que lo había sido de César Frank. A Rossotti dedicó Cobián su
tango A pan y agua, "porque él le había enseñado a escribir".
Aunque más no fuera por haber sido maestro
de Cobián merecería Rossotti algún recuerdo en la historia del
tango. Cobián comenzó a componer siendo muy joven. Cuando Contursi
le puso letra a El motivo - convirtiéndolo en Pobre Paica - ,
hacia 1920, Cobián ya tenía 23 años, pero había editado anteriormente
El orejarlo, El gaucho, Mosca muerta.
Dice Cadícamo que cuando los ejemplares de esos tangos y los de
Salomé, Sea breve y Carne y uña llegaron a los atriles de los
sextetos típicos, "sus músicos levantaron una tempestad de protestas,
pero no justamente porque se tratara de ejemplares falsificados".
En 1911, merced a una beca, viajó a Francia,
donde estudió en la Schola Cantorum con Vicent D'Indy, Louis de
Serres y Guy de Lioncourt. En 1915 estrenó, con el violinista
Kis Thaulow, la Berceuse heroique, de Debussy. En París se contó,
junto a Guttero, Piaggio, Merediz, López Buchardo, Curatella Manes
y otros, entre los fundadores de la Asociación de Artistas Argentinos.
Tal vez haya sido Cobián el primero en componer tangos. Otros
músicos los creaban en raptos de inspiración, o por mero oficio
del oído, muchas veces bellísimos, como los de Arolas, o los de
Bardi, como los de Delfino, o los de Firpo, pero carecían de la
técnica de la composición en la medida que la poseía Cobián.
De Rossotti recibió Cobián, sin embargo, algo
más que conocimientos técnicos; recibió cierto delicado buen gusto
que, sin duda, se nutriría recíprocamente con las veleidades aristocratizantes
del joven tanguista. De todos modos, no hay que culparlo demasiado
por esas veleidades, pues sólo la aristocracia - capaz de sentirse
igualmente cómoda en un cabaret y en un palco del Colón - parecía
disfrutar realmente sus composiciones. Es bien sabido que Canaro
se negó sistemáticamente a ejecutar tangos de Cobián, cuya condición
de tangos, por lo demás, también otros ponían en duda.
Cobián empleó un lenguaje musical más elevado
que el que hasta entonces era habitual en el tango; un lenguaje
en el que nada quedaba del canyengue y en el que asomaban rachas
melódicas transoceánicas. Fue, en su momento, con Delfino, Geroni
Flores, Fresedo y De Caro, un vanguardista - el primero de todos
- , cuando la palabra vanguardia se usaba en las crónicas de la
guerra, no en las del tango. Tal vez no haya avanzado demasiado
en el camino de la renovación porque le interesaba componer lo
que sentía y no lo que parecía destinado a épater les bourgeois.
Pero la incomprensión de quienes mejor debieron haberlo comprendido
nunca lo hizo volver atrás. Si algo pudo impedirle alcanzar horizontes
más vastos fueron sus hábitos de bon viveur, su concepto un tanto
aventurero de la vida. En la década de 1930 obtuvo, de todos modos,
éxitos resonantes cuyos ecos perduran. Enseguida, en los bailes
de carnaval de 1937 realizados en el Politeama, sobrevino el ocaso.
Tenía entonces cuarenta y un años y hacía un cuarto de siglo que
venía enriqueciendo al tango. Por el camino que contribuyó a abrir
transcurrieron los De Caro y los músicos del cuarenta. Mejor para
él si no alcanzó la época en que el ruido desplazaría a la música.
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Console,
Héctor
Nació
en el año 1939 en la provincia de Buenos Aires. Estudió guitarra,
violín y contrabajo, y este último fue con el cual se decidió
a ejercer en su carrera musical. Participó en diversos conjuntos
como la Orquesta de Carlitos García, de Amelita Baltar, Hugo Baralis,
Raúl Garello, Atilio Stampone, Osvaldo Manzi, Horacio Salgán,
Néstor Marconi y otros. Integró el conjunto de Astor Piazolla
en 1978. Es muy conocido en el exterior. En Europa sus discos
fueron muy solicitados y vendidos, al unirse con Daniel Baremboim
y Rodolfo Meredos presentaron en París y Madrid numerosos conciertos.
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Contursi,
Pascual
Con Pascual Contursi, suele decirse, comienza la letra argumentada.
Quizá sea verdad y quizá no lo sea. En todo caso, Mi noche triste
carece de argumento. Lo que comienza con Pascual Contursi es el
tango sentimental; el tango cuya letra expresa sentimientos tiernos,
propensos al llanto. Por eso, Contursi es el hito que divide la
historia del tango en dos etapas perfectamente definidas; por
eso no es caprichoso ni hiperbólico hablar del tango precontursiano
y del tango postcontursiano.
Lamentablemente, la obra de Pascual Contursi
no ha sido recopilada, y aunque el poeta y cantor tuvo un hijo,
José María, también poeta popular y letrista afortunado, nadie
se ocupó de revalorizar seriamente las páginas augurales e inaugurales
del autor de Mi noche triste.
Contursi comenzó componiendo poesías esporádicas; por ejemplo
El landolé, que es una contrahechura del estilo El pangaré, del
uruguayo Alcides De María, quién solía firmar El Ñato Calixto
o Calixto El Ñato. Esa y otras letrillas de Contursi entroncan
en la poesía rufianesca; es decir, el rufián o canfinflero y su
pupila, que a veces es fiel (como la de El landolé) y a veces,
esquiva (como la de Ivette).
Ese tema se daba en la poesía rufianesca. Así
como el tema de Muñequita - el de la mujer abandonada por su dueño
- no era extraño a ese curioso género literario, tampoco lo era
el del bacán amurado.
Gardel cantó los versos de Mi noche triste en el año 1917, en
el cine Empire. Pero el estreno oficial ocurre el 26 de abril
de 1918, al presentarse la pieza en un acto y dos cuadros Los
dientes del perro, de José González Castillo y Alberto T. Weisbach,
en el teatro Buenos Aires, por la compañía Muiño-Alippi.
No fue el de Contursi el primer tango que se
cantó en el contexto de una pieza teatral. La iniciativa de Alippi,
fue, sin embargo, la primera que tuvo resultados. Pero hay algo
todavía más importante: el éxito de Mi noche triste demostró que
el pueblo de Buenos Aires, por cuyas venas corrían torrentes de
sangre gringa, no se sentía expresado ya por la canción alardosa
del compadrito y requería una canción sentimental.
El éxito de Mi noche triste hizo que se difundieran otras letras
compuestas por Contursi. Así, María Luisa Notar, cantó, al estrenarse
la pieza cómica de Alberto Novión El cabaret Montmartre en 1919,
la titulada Flor de fango, escrita sobre el tango El desalojo,
del pianista Augusto A. Gentile. Gardel grabó esa letra en el
mismo 1919, y enseguida la que el mismo Contursi había compuesto
para De vuelta al bulín, de José Martínez. Al año siguiente grabó
Gardel la compuesta para el tango Ivette, de Costa-Roca. Sin duda
es Gardel quién contribuye a difundir los tangos de Contursi.
Contursi se dedicó luego a escribir para el
teatro. Dio a la escena trece piezas, la primera, en colaboración
con Manuel Romero, titulada Percanta que me amuraste, fue estrenada
en 1920 por la compañía Vittone-Pomar. Casi todas incluían alguna
de sus letras. Así, en ¡Maldito Cabaret! se canto Marcheta; en
Los distinguidos reos (1926), la de La he visto con otro; en En
el barrio de los tachos (1926), la de Pobre corazón mío.
En 1921 Contursi viajó a París. El segundo
viaje lo emprendió en 1927. Durante esa estada en la capital de
Francia, escribió Bandoneón arrabalero, al que puso música Juan
Bautista Deambroggio, que tocaba allí con la orquesta de Eduardo
Bianco. Lo estrenó esa orquesta y en 1928 lo grabó Gardel en París.
El poeta regresó a Buenos Aires el 29 de mayo de 1932. Lo trajeron
engañado y encerrado en un camarote, pues ya estaba loco.
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